sábado, 17 de octubre de 2009

Nápoles y Roma.

    Ni los ostrogodos, visigodos, vándalos, suevos o alanos, pudieron compararse a los hunos en cuanto a crueldad. Tan grande era el temor que suscitaba la amenaza de los hunos, que muchos pueblos germánicos, siempre hostiles a Roma, llegaron a clamar protección, deseando ser incluídos en el Imperio como provincia. Valente autorizó a miles de ellos a penetrar en territorio imperial en el año 375. En cambio Valentiniano I los mantuvo a raya, pues los problemas que creaban en Britania los pictos y escotos desde el norte, y los sajones y francos por el litoral, le involucraron en una lucha desesperada...
    En el año 378 los visigodos, que huyendo de los hunos habían sido admitidos en las fronteras imperiales, se sentían tan oprimidos y escarnecidos que se sublevaron... Teodosio reorganizó sus ejércitos y derrotó a los visigodos, pero la imposibilidad de echarles fuera del Imperio indujo a los emperadores romanos a aceptarles definitivamente... Esto era una clara muestra de declive... A partir de esta actitud frente a los visigodos, el Imperio romano entró en un largo y progresivo proceso de desintegración.
    Visto desde Roma, el proceso fue terrible. Una agonía que presagiaba una muerte ineluctable. En cambio, para la tribus nómadas del norte y el este el Imperio, era la aurora de una vida mejor. Entraron en contacto con una civilización abundante en comida y bebida donde había mano de obra sometida de por vida a servidumbre, y ciudades bien construidas, con palacios y cuarteles en donde poder pernoctar confortablemente...
    Mientras estos cambios operaban lenta pero progresivamente, Roma reclutaba más y más bárbaros para repoblar las filas de sus legiones...
    Es difícil elaborar un criterio acerca de la causa de impidió a Roma el autoabastecimiento de soldados entre los propios romanos... Probablemente la causa no era nueva, el tipo de vida romana, basado en el lujo y la desidia, y el ansia por presenciar los espantosos espectáculos de las arenas, había hecho de los romanos unos seres ineptos para la guerra...
    Las explicaciones sitúan al cristianismo, con su mensaje de paz, como factor de la incapacidad romana para alimentar de soldados a sus legiones... Una doctrina cuyo objetivo esencial era la caridad y el amor al prójimo...
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La bahía de Nápoles desde el Vesubio a 1.200 m de altitud.
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Estando en Nápoles charlando con el alemán Tino y el mejicano Jaime, éste nos relataba sobre sus experiencias en Italia e ilusión de continuar viaje por España, su país favorito. El alemán quiso saber el porqué de esta preferencia a lo que Jaime contestó:

-Bueno… España nos conquistó. Quiero conocerla.

Seguramente habría otras razones pero es lo que se le ocurrió en aquel instante. La conversación continuó y hubo un momento en el que el mejicano se dirigió a mí.

-Y tú, ¿por que has venido a Italia?

-Tenía que venir… Roma nos conquistó.

Y el alemán no disimuló la gracia con una sonrisa.

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El puerto, uno de los más transitados de toda Italia.
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La ciudad desde el castillo de Sant Elmo.
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Plaza del Plebiscito.
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ROMA
El Coliseo.
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Vistas desde el Palatino.
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Bóveda de la iglesia de San Ignacio de Loyola.
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Plaza Navona.
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CIUDAD DEL VATICANO
La Plaza de San Pedro a ras de suelo...
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...y desde la cúpula de la basílica.
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