Llego a Zugdidi antes de las 10 y voy a la parada hacia Mestia, creo que la furgoneta sale a las 12. Me dicen que la salida depende de cuando lleguen los pasajeros. Espero dando vueltas pero a las 12 no hay movimiento y cuando pregunto, me dice el conductor que no salimos hasta las 3. Cojo mis cosas y me voy a comer.
A la hora establecida nos hemos juntado un ruso, dos chinos, un francés, una pareja de bielorrusos, tres georgianos y servidor.
Lleva aparcada aquí más de 5 horas la furgo, pero es ahora que nos ponemos en marcha cuando para a repostar. Después, como si no hubiese tiendas en Zugdidi, nos volvemos a detener para que una de los georgianos haga la compra. Nuevo alto, otro de los georgianos saca del maletero un acordeón. Nos ameniza el viaje cantando y tocando.
No habían comido, otra vez nos detenemos. El músico sigue cantando con su acordeón y el conductor encantado, sin prisas, se echa unas copillas.
Reanudamos la marcha con música hasta que a poco más de la mitad de camino se bajan el músico y su acompañante. Ya sólo nos queda dar media vuelta por algún malentendido en la entrega de unas bolsas.
Así contado parecería que no llegaríamos nunca, pero no, son solamente cuatro horas y cuarto en andar los 140 km hasta Mestia, ubicado en un profundo valle del Cáucaso.
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