En el pueblo de Madrasa estoy fotografiando las ruinas de una vieja iglesia albanesa, cuando se me acerca un paisano pidiendo explicaciones. Aunque no me entiende digo ser turista y él me pide los dokumenty. No estoy por ello e insiste en ruso: gubernator. Le dejo fotografiar pasaporte y se pone a hacer llamadas telefónicas. Yo sigo con la iglesia y él se va. Al yo regresar me espera junto a otros dos hombres y mandan les acompañe a lo que pudiera ser el ayuntamiento. Me llevan a una sala con el retrato del presidente y sacan té. Tengo que esperar al que habla inglés para explicarles porqué un turista a llegado a su pueblo.
No te preocupes -dicen con el traductor del teléfono -sólo queremos que los turistas estén atendidos, te dejaremos marchar. Sí, podrían haberme encarcelado que es peor.
Llega el que sabe inglés. Que qué hago allí, que dónde he estado antes en Azerbaiyán, que dónde voy después, dónde me alojo y dónde lo hice en Bakú. Va tomando notas. Apunta los sellos de los países donde he estado y la fecha. Quiere ver las fotos. Porqué fotografías este edificio, no entiendo porqué sacas fotos de la gente, dónde está esto, porqué esta fachada... y una a una revisa las más de 200 imágenes. Cuando alguna no le cuadra telefonéa a alguien para consultar. Después revisa contactos del teléfono y WhatsApp. Y porqué no tienes redes sociales, y en cuántos países has estado... y así transcurren dos horas.
Nada que no pueda pasarte en Rusia o Irán, donde algunas autoridades ven al turista como una amenaza.
¿Y ahora dónde vas? Pues a donde voy a ir, a comer que ya es hora. Y me acercan con su coche a mi hotel en Samaxi.
.




















.jpg)